Habiéndome tomado un largo tiempo después de las consideraciones generales acerca de lo que significa hacer dedo y de por qué es muchísimo más que otra forma de locomoción, voy a centrarme un poco en lo que es la acción dedística en sí, en otras palabras, en el momento en que te ponés a esperar viaje y, sobre todo, en las cosas que hay que tener en cuenta para qué la búsqueda llegue a buen término.
El pulgar es el mejor medio de transporte porque además de todo lo dicho en la introducción, es potencialmente la forma de llegar a cualquier lugar del planeta. La frase anterior resulta graciosa pero en la práctica es así: hay rutas por las que se mueven micros, hay rutas por las que se mueven barcos, hay rutas por las que se mueven aviones; el mochilero puede moverse por todas esas rutas además de por todas las otras por las que se mueva algo (tren, auto, moto, burro, caballo, bicicleta, etc. etc. etc.).
Sin embargo es obvio que el éxito con el pulgar depende de muchos factores, algunos de los cuales están por supuesto más allá de nuestro alcance, como la densidad de tránsito que tenga una determinada ruta obligada o las condiciones metereológicas, entre otros. Pero hay cosas que sí podemos tener casi completamente bajo control y nos pueden dar una mano enorme a la hora de conseguir viaje. Dentro de este grupo hay dos que son las fundamentales y las que nos van a permitir viajar a lo ancho y a lo largo del bonito planeta sin mayores dificultades.
Tal como esos señores tan preocupados por el éxito personal (vamos! que sólo lo reducen al éxito financiero) y proponen fórmulas matemáticas infalibles para alcanzarlo, postulo con grandilocuencia que la fórmula del éxito con el pulgar se puede reducir a la combinación de dos sencillos elementos: el lugar donde uno espera viaje y la buena vibra. Voy a empezar por lo segundo.
La buena vibra
En marzo de 2008 estuve viajando por la patagonia argentino-chilena y durante unos días compartí camino con Martin y Manu, una parejita muy buena onda, él holandés y ella italiana. Se imaginan el combo ¿no? Martin es un tipo flemático y sumamente relajado, de habla tranquila, que se toma su tiempo antes de decir algo para pensarlo en profundidad. Me acuerdo de largas charlas con él en las que me escuchaba atentamente y después respondía con la cantidad de palabras justa que necesitaba para expresar sus ideas, ni una más ni una menos. En contraste, Manu... ¡es un terremoto! Pura energía: se levanta, se sienta, se para, se mueve, propone, dispone, se vuelve a sentar y se vuelve a parar, y como buena tana, por supuesto, tiene carácter fuerte e impulsivo. Son la pareja más dispareja que vi y al mismo tiempo la más perfecta; quizás es cierto eso de que los polos se atraen, porque entre ambos formaban el más bonito equilibro.
En fin, esto venía a cuenta de que uno de esos días en que andábamos juntos por Bariloche hicimos el ascenso al refugio Otto Meiling en el cerro Tronador, donde pasamos una noche increíble. Es loco lo cerca que pueden estar las estrellas si subís tan solo unos miles de metros y si además elegís acampar afuera del refugio. El Tronador está en un Parque Nacional a varios kilómetros de la ciudad y decidimos partir a dedo hasta la base. En el último tramo (desde la entrada del parque hasta Pampa Linda, donde se inicia el ascenso) veníamos acomodados como podíamos en una camioneta con caja de techo bajiiito y nos pusimos a hablar de la "suerte que tuvimos" de que nos levanten ya que pasaban muy pocos autos y menos con espacio para los tres más bolsos. Ahí es cuando yo les dije en mi inglés cabeza que hay una regla dorada para viajar a dedo: algo así como que "the first rule for hitchhiking is to have faith" (la regla número uno para hacer dedo es tener fe).
Para mí ese "tener fe" significa confiar en la suma de dos componentes: uno místico o espiritual y otro lógico.
- Lo espiritual: el universo funciona al ritmo de la energía. Si te concentrás y canalizás tu energía, pensamientos y fuerza en una determinada dirección, hay muchas más probabilidades de que las cosas que querés que ocurran, efectivamente ocurran. No espero que todos compartan esto pero prometo a los que decidan hacerlo que les va a funcionar.
- Lo lógico (para gusto de los más escépticos): cuando estás en la banquina esperando y pasa el tiempo y no te levantan, tenés dos opciones. O le seguís poniendo pilas y tratás de mantener la buena vibra o te enculás y dejás que todo se vaya en picada. No hay nada de raro en que lo habitual sea conseguir viaje en la primera media hora de espera, porque justamente no es sólo una cuestión de buena suerte. Cuando estás con buena onda, con buen humor, eso se te nota en la cara, en la actitud corporal, en la sonrisa, en la mirada, en prácticamente todo; los humanos somos libritos abiertos. Parece una pavada enorme pero el tipo que viene en un auto a 60 km por hora tiene aproximadamente 5 segundos de contacto visual con vos en los que va a decidir si frena o no.
El lugar
Si hay una enseñanza nacional es que no por tener fe hay que ser boludo. El primer paso para conseguir viaje es estar convencido de querer conseguirlo, pero si te ponés a hacer dedo en medio de una recta en bajada donde el que va más despacio pasa a 120 es obvio que las posibilidades bajan. No es casualidad que cuando uno pregunte a los lugareños, después de esperar horas y ver que nadie nos lleva, nos respondan que sí, acá levantan, pero estás parado en un mal lugar.
Hay varias cosas que tomar en cuenta a la hora de elegir un lugar, aunque por supuesto a veces no hay muchas opciones entre las que decidir, como cuando nos dejan en un cruce entre dos rutas en el verdadero medio de la nada. Sin embargo, antes de bajar la mochila y comenzar la dulce espera conviene siempre pegar una mirada a la zona donde estamos para encontrar potenciales puntos clave e incluso, si hay gente, no es mala idea escuchar sugerencias de alguien que probablemente sepa más que nosotros: a veces la diferencia entre conseguir un viaje en cinco minutos y esperar dos horas sin que nadie frene son tan solo doscientos metros.
La característica más importante que tiene que presentar el lugar que elijamos para sacar a relucir nuestro dedo gordo es que por allí los autos se vean obligados a pasar despacio o a parar. La mejor opción y la más clásica es justito después de un peaje, si la gente del peaje se copa y nos deja pararnos ahí. En general no hay problemas y nisiquiera es necesario preguntar y en Argentina, por lo menos, no es ilegal salvo en algunos peajes de autopistas con empleados amargos. El peaje es tan pero tan efectivo que creo que todas las veces que estuve parado esperando en uno la espera duró a lo sumo media hora; no por nada son los lugares más elegidos por los mochileros que deciden salir a dedo de las ciudades. En Buenos Aires por ejemplo, es conocido el que está justo después de Cañuelas, sobre la ruta 3, bueno para viajar hacia el sur y el que se encuentra en Panamericana cerca de la fábrica Ford, excelente para viajar por la 9 hacia el norte.
Otros lugares donde los autos pasan despacio o tienen que frenar son los puestos de policía caminera o de gendarmería. Más allá de todo el rechazo que a uno puedan generarle los policías o los milicos hay que reconocer que en la mayoría de los casos suelen ayudarnos. A pesar de que no me gusta definir una situación como blanco o como negro mi experiencia me dice que la relación con los uniformados suele ser de muy buena onda o de muy mala onda, como en algunos feudos provinciales. Por eso, tanto para evitar malos entendidos como para agilizar el tema espera, lo mejor es ir directamente y con nuestra cara más inocente a hablar con el oficial que esté parando autos para preguntarle si podemos permanecer allí y, de paso, si es tan amable de ayudarnos a conseguir viaje. Te aseguro que si sos chica funciona casi el 100% de las veces.
Una tercera opción, que tiene la ventaja de permitirnos hablar con los conductores, son las estaciones de servicio o los paradores de camiones. Hay que tomarlos muy en cuenta porque tanto los peajes como los puestos policiales suelen estar desperdigados cada muchísimos (a veces más de mil) kilómetros mientras que estaciones de servicio hay, en general, por lo menos una cada cien o doscientos kilómetros y en zonas más pobladas muchas más aún. En mi experiencia los paradores de camiones son mejores porque habitualmente los camioneros viajan tramos largos y son los más propensos a llevarnos, pero nunca hay que descartar la posibilidad de recibir un viaje inesperado en auto desde una estación de servicio gracias a una familia alegre que quiere tener una anécdota extra que contar esa noche durante la cena. Es necesario aclarar que la mayoría de los paradores de camiones son estaciones de servicio con playones extra para que los conductores puedan estacionar sus Scania o sus Iveco y tirarse a dormir hasta el día siguiente o sencillamente almorzar o descansar un rato. Esto significa que muchas veces tenemos más que tiempo para charlar con los choferes e incluso arrancarles promesas de viaje para el otro día.
Algunas consideraciones más
Más allá de estos dos elementos primarios que son emanar buena vibra y buscar un buen lugar hay algunas otras cosas a tener en cuenta que nos van a ayudar en nuestra noble tarea.
No está de más aclarar que el dedo funciona así: hacés dedo, no te levantan, hacés dedo, no te levantan, [...], hacés dedo, ese camión paro!, lo que significa que algo fundamental es sacarle el pulgar absolutamente a todo. Ejemplos puedo tirar a montones. Más arriba decía que no conviene ponerse en un lugar donde los vehículos pasen a velocidades astrales y sin embargo me acuerdo lo increíble que fue que se detuviera esa camioneta 4x4 cuando volvía desde las playas de Rocha a Montevideo, en Uruguay, y estaba caminando al costado de la ruta con mi compañero en dirección a un parador que había diez kilómetros más adelante porque nos habían dejado en un cruce desértico... escuché el ruido del motor que se acercaba a fondo y ni me di vuelta ni paré para sacar el pulgar porque no tenía esperanzas, pero al ver mi dedo extendido clavó los frenos y nos alzó. Era una camioneta enorme con la caja vacía y fue uno de los viajes que más disfruté mirando el paisaje mientras caía la tarde y nos acercábamos velózmente a la ciudad murguera. En otro viaje, también en Uruguay pero esta vez en dirección a Santa Teresa, casi sin querer le hice dedo a un micro, algo que no suelo hacer, ya que al igual que los camiones que transportan combustible no suelen parar. Resulta que el micro venía vacío e iba a cargar gente en el Chuy así que nos subió sin problema y viajamos con toda la comodidad del mundo. Los milicos, las ambulancias, los policías, los bomberos, las motos, los autos caros y toda la clase de etc. que parece que nunca nos van a llevar son siempre una nueva oportunidad... Básicamente cuanto más gastemos el pulgar más posibilidades tenemos de viajar, así que lo mejor es que cada conductor que pase se lleve un recuerdo de nuestro dedo gordo en alto y firme, mirando al sol.
Finalmente es importante tomar en cuenta otras dos cuestiones: la pinta y el respeto.
Creo que una de las riquezas de la vida de mochilero es aprender a desembarazarnos de la mayor cantidad de prejuicios que tengamos, no sólo en cuanto a formas de vida o de pensar distintas, sino también en cuanto ese chip incrustado por los medios que nos insta a calificar a las personas por su apariencia física, ya sea el color de su piel, la forma de vestirse, su edad y demás etcéteras discriminatorios. Generalmente se aprende enseguida a desechar esas estupideces porque es increíble, y de verdad es que vale la pena hacer un recuento al final de cada viaje, la diversidad de la gente que accedió a darnos a una mano, ya sea llevándonos en su vehículo, indicándonos dónde pararnos o incluso ofreciéndonos comida o alojamiento de onda, para hacer más llevadera nuestra aventura. Desde este punto de vista creo, y espero haber aprendido la lección, que el día que tenga un autito y me toque a mí llevar gente para continuar con esta infinita cadena solidaria vehicular, pueda hacerlo con total libertad independientemente de la apariencia de persona cuyo pulgar me encuentre de golpe en el lugar menos pensado. Si bien ese es el mensaje que uno intenta transmitir, incluso una vez que nos levantaron, al charlar con los choferes y demostrarles lo divertido e interesante que puede ser llevar a alguien para que lo sigan haciendo en el futuro, es cierto que el mundo sigue estando comandado cobardemente por las imágenes. Así, es imposible negar que un mochilero que esté completamente sucio, por más que sea la persona más limpia del mundo y justo haya tenido un mal día, o que tenga un cuchillo en la mano, aunque esté pelando una manzana, o que tenga todo su equipo desprolijamente desperdigado al costado de la ruta, así sea que esté soplando Katrina; un mochilero así, en fin, tiene menos posibilidades de pegar viaje que uno que sonrie, para su mochilita ordenada (y esconde los bártulos extra detrás) y además lleva una guitarra encima con lo que promete confianza y diversión (si sos músico es LA posta para viajar, THE ticket to ride, es como llevar una chica).
Como no siempre es posible estar en las mejores condiciones en la ruta, aunque si es importante por lo menos usar un poco de desodorante che!, hay algunos pequeños truquitos que nos pueden ayudar a generar confianza en los conductores: un cartel con una frase amistosa o graciosa ("Cebo mate como ninguno!"; "Permuto viaje x conversación divertida!"; "Haga patria, lleve a un mochilero!" y todos los etc. que se puedan ocurrir), sonreir a más no poder y saludar a los que pasen así no tengan espacio para llevarnos, o hacer monadas o payasadas como subirse a caballito, malabarear, bailar, saltar, cantar, etc. De última no conseguimos viaje pero le sacamos a alguien una sonrisa y eso siempre suma.
Relacionado con lo anterior, pero pensando más en los momentos en que tenemos la posibilidad de hablar cara a cara con los conductores, como en las estaciones de servicio, y, por supuesto, una vez que ya logramos conseguir viaje (aunque de eso hablaré en un próximo capítulo) es fundamental mantener un determinado nivel de respeto en nuestro trato. En primer lugar está claro que cualquier persona se merece nuestro respeto por el hecho de ser persona (si esto te suena a marciano te pido por favor que DESISTAS del mochilerismo e intentes cursar Administración de Empresas en alguna universidad privada [y yo que pensaba que no era prejuicioso!]). Pero además, si queremos conseguir viaje y tenemos la suerte de poder charlar con nuestros potenciales choferes está claro que la forma de acercarse a preguntar es clave. Hay que tratar de demostrar en una frase pequeña y casual pero bien pensada, que somos buenos, lindos, respetuosos, y simpáticos tal cual mamá piensa de nosotros. Siempre causa un buen efecto un "buenos días" o un "buenas tardes" como primera aproxímación y también el hecho de ponerle un nombre a esa cara llena de esperanza de avanzar unos buenos kilómetros: "Hola buenas tardes, disculpe que lo moleste, me llamo Sr. Mochilero y estoy viajando en dirección a Mochilerolandia. ¿Existe la posibilidad de que me alcance algún tramo?" es bastante más efectivo que "Capo, voy a Mochilerolandia, ¿me llevás?".
En paradores clásicos donde en determinadas épocas del año hay enjambres de mochileros esperando por el mágico trasporte de miel que termine con sus miserias y los lleve de una vez por todas es muy habitual, y muchas veces es también falta de respeto y de código con compañeros que esperaban desde antes, el abalanzarse sobre el pobre hombre que frenó cinco minutos a vaciar su vejiga en medio de su carrera hacia el baño, sin darle un segundo de respiro. Es bastante más educado y simpático esperar al momento adecuado en que vemos que el conductor está tranquilo y puede escucharnos en paz y considerar nuestra propuesta, ya sea porque ya recargó el termo, compró los Don Satur agridulces o simplemente pudo descansar un ratito de las largas horas tras el volante.
Dicho todo esto creo que ya dejé una buena cantidad de información como para asegurar éxito en la primera etapa del dedo, la del pulgar al aire. En el próximo capítulo voy a hablar un poco sobre el viaje en sí y sobre cómo hacer para encarar y disfrutar ese riquísimo momento de intercambio de vidas que significa meterse en el vehículo de un desconocido durante un buen trecho.
El pulgar es el mejor medio de transporte porque además de todo lo dicho en la introducción, es potencialmente la forma de llegar a cualquier lugar del planeta. La frase anterior resulta graciosa pero en la práctica es así: hay rutas por las que se mueven micros, hay rutas por las que se mueven barcos, hay rutas por las que se mueven aviones; el mochilero puede moverse por todas esas rutas además de por todas las otras por las que se mueva algo (tren, auto, moto, burro, caballo, bicicleta, etc. etc. etc.).
Sin embargo es obvio que el éxito con el pulgar depende de muchos factores, algunos de los cuales están por supuesto más allá de nuestro alcance, como la densidad de tránsito que tenga una determinada ruta obligada o las condiciones metereológicas, entre otros. Pero hay cosas que sí podemos tener casi completamente bajo control y nos pueden dar una mano enorme a la hora de conseguir viaje. Dentro de este grupo hay dos que son las fundamentales y las que nos van a permitir viajar a lo ancho y a lo largo del bonito planeta sin mayores dificultades.
Tal como esos señores tan preocupados por el éxito personal (vamos! que sólo lo reducen al éxito financiero) y proponen fórmulas matemáticas infalibles para alcanzarlo, postulo con grandilocuencia que la fórmula del éxito con el pulgar se puede reducir a la combinación de dos sencillos elementos: el lugar donde uno espera viaje y la buena vibra. Voy a empezar por lo segundo.
La buena vibra
En marzo de 2008 estuve viajando por la patagonia argentino-chilena y durante unos días compartí camino con Martin y Manu, una parejita muy buena onda, él holandés y ella italiana. Se imaginan el combo ¿no? Martin es un tipo flemático y sumamente relajado, de habla tranquila, que se toma su tiempo antes de decir algo para pensarlo en profundidad. Me acuerdo de largas charlas con él en las que me escuchaba atentamente y después respondía con la cantidad de palabras justa que necesitaba para expresar sus ideas, ni una más ni una menos. En contraste, Manu... ¡es un terremoto! Pura energía: se levanta, se sienta, se para, se mueve, propone, dispone, se vuelve a sentar y se vuelve a parar, y como buena tana, por supuesto, tiene carácter fuerte e impulsivo. Son la pareja más dispareja que vi y al mismo tiempo la más perfecta; quizás es cierto eso de que los polos se atraen, porque entre ambos formaban el más bonito equilibro.
En fin, esto venía a cuenta de que uno de esos días en que andábamos juntos por Bariloche hicimos el ascenso al refugio Otto Meiling en el cerro Tronador, donde pasamos una noche increíble. Es loco lo cerca que pueden estar las estrellas si subís tan solo unos miles de metros y si además elegís acampar afuera del refugio. El Tronador está en un Parque Nacional a varios kilómetros de la ciudad y decidimos partir a dedo hasta la base. En el último tramo (desde la entrada del parque hasta Pampa Linda, donde se inicia el ascenso) veníamos acomodados como podíamos en una camioneta con caja de techo bajiiito y nos pusimos a hablar de la "suerte que tuvimos" de que nos levanten ya que pasaban muy pocos autos y menos con espacio para los tres más bolsos. Ahí es cuando yo les dije en mi inglés cabeza que hay una regla dorada para viajar a dedo: algo así como que "the first rule for hitchhiking is to have faith" (la regla número uno para hacer dedo es tener fe).
Para mí ese "tener fe" significa confiar en la suma de dos componentes: uno místico o espiritual y otro lógico.
- Lo espiritual: el universo funciona al ritmo de la energía. Si te concentrás y canalizás tu energía, pensamientos y fuerza en una determinada dirección, hay muchas más probabilidades de que las cosas que querés que ocurran, efectivamente ocurran. No espero que todos compartan esto pero prometo a los que decidan hacerlo que les va a funcionar.
- Lo lógico (para gusto de los más escépticos): cuando estás en la banquina esperando y pasa el tiempo y no te levantan, tenés dos opciones. O le seguís poniendo pilas y tratás de mantener la buena vibra o te enculás y dejás que todo se vaya en picada. No hay nada de raro en que lo habitual sea conseguir viaje en la primera media hora de espera, porque justamente no es sólo una cuestión de buena suerte. Cuando estás con buena onda, con buen humor, eso se te nota en la cara, en la actitud corporal, en la sonrisa, en la mirada, en prácticamente todo; los humanos somos libritos abiertos. Parece una pavada enorme pero el tipo que viene en un auto a 60 km por hora tiene aproximadamente 5 segundos de contacto visual con vos en los que va a decidir si frena o no.
El lugar
Si hay una enseñanza nacional es que no por tener fe hay que ser boludo. El primer paso para conseguir viaje es estar convencido de querer conseguirlo, pero si te ponés a hacer dedo en medio de una recta en bajada donde el que va más despacio pasa a 120 es obvio que las posibilidades bajan. No es casualidad que cuando uno pregunte a los lugareños, después de esperar horas y ver que nadie nos lleva, nos respondan que sí, acá levantan, pero estás parado en un mal lugar.
Hay varias cosas que tomar en cuenta a la hora de elegir un lugar, aunque por supuesto a veces no hay muchas opciones entre las que decidir, como cuando nos dejan en un cruce entre dos rutas en el verdadero medio de la nada. Sin embargo, antes de bajar la mochila y comenzar la dulce espera conviene siempre pegar una mirada a la zona donde estamos para encontrar potenciales puntos clave e incluso, si hay gente, no es mala idea escuchar sugerencias de alguien que probablemente sepa más que nosotros: a veces la diferencia entre conseguir un viaje en cinco minutos y esperar dos horas sin que nadie frene son tan solo doscientos metros.
La característica más importante que tiene que presentar el lugar que elijamos para sacar a relucir nuestro dedo gordo es que por allí los autos se vean obligados a pasar despacio o a parar. La mejor opción y la más clásica es justito después de un peaje, si la gente del peaje se copa y nos deja pararnos ahí. En general no hay problemas y nisiquiera es necesario preguntar y en Argentina, por lo menos, no es ilegal salvo en algunos peajes de autopistas con empleados amargos. El peaje es tan pero tan efectivo que creo que todas las veces que estuve parado esperando en uno la espera duró a lo sumo media hora; no por nada son los lugares más elegidos por los mochileros que deciden salir a dedo de las ciudades. En Buenos Aires por ejemplo, es conocido el que está justo después de Cañuelas, sobre la ruta 3, bueno para viajar hacia el sur y el que se encuentra en Panamericana cerca de la fábrica Ford, excelente para viajar por la 9 hacia el norte.
Otros lugares donde los autos pasan despacio o tienen que frenar son los puestos de policía caminera o de gendarmería. Más allá de todo el rechazo que a uno puedan generarle los policías o los milicos hay que reconocer que en la mayoría de los casos suelen ayudarnos. A pesar de que no me gusta definir una situación como blanco o como negro mi experiencia me dice que la relación con los uniformados suele ser de muy buena onda o de muy mala onda, como en algunos feudos provinciales. Por eso, tanto para evitar malos entendidos como para agilizar el tema espera, lo mejor es ir directamente y con nuestra cara más inocente a hablar con el oficial que esté parando autos para preguntarle si podemos permanecer allí y, de paso, si es tan amable de ayudarnos a conseguir viaje. Te aseguro que si sos chica funciona casi el 100% de las veces.
Una tercera opción, que tiene la ventaja de permitirnos hablar con los conductores, son las estaciones de servicio o los paradores de camiones. Hay que tomarlos muy en cuenta porque tanto los peajes como los puestos policiales suelen estar desperdigados cada muchísimos (a veces más de mil) kilómetros mientras que estaciones de servicio hay, en general, por lo menos una cada cien o doscientos kilómetros y en zonas más pobladas muchas más aún. En mi experiencia los paradores de camiones son mejores porque habitualmente los camioneros viajan tramos largos y son los más propensos a llevarnos, pero nunca hay que descartar la posibilidad de recibir un viaje inesperado en auto desde una estación de servicio gracias a una familia alegre que quiere tener una anécdota extra que contar esa noche durante la cena. Es necesario aclarar que la mayoría de los paradores de camiones son estaciones de servicio con playones extra para que los conductores puedan estacionar sus Scania o sus Iveco y tirarse a dormir hasta el día siguiente o sencillamente almorzar o descansar un rato. Esto significa que muchas veces tenemos más que tiempo para charlar con los choferes e incluso arrancarles promesas de viaje para el otro día.
Algunas consideraciones más
Más allá de estos dos elementos primarios que son emanar buena vibra y buscar un buen lugar hay algunas otras cosas a tener en cuenta que nos van a ayudar en nuestra noble tarea.
No está de más aclarar que el dedo funciona así: hacés dedo, no te levantan, hacés dedo, no te levantan, [...], hacés dedo, ese camión paro!, lo que significa que algo fundamental es sacarle el pulgar absolutamente a todo. Ejemplos puedo tirar a montones. Más arriba decía que no conviene ponerse en un lugar donde los vehículos pasen a velocidades astrales y sin embargo me acuerdo lo increíble que fue que se detuviera esa camioneta 4x4 cuando volvía desde las playas de Rocha a Montevideo, en Uruguay, y estaba caminando al costado de la ruta con mi compañero en dirección a un parador que había diez kilómetros más adelante porque nos habían dejado en un cruce desértico... escuché el ruido del motor que se acercaba a fondo y ni me di vuelta ni paré para sacar el pulgar porque no tenía esperanzas, pero al ver mi dedo extendido clavó los frenos y nos alzó. Era una camioneta enorme con la caja vacía y fue uno de los viajes que más disfruté mirando el paisaje mientras caía la tarde y nos acercábamos velózmente a la ciudad murguera. En otro viaje, también en Uruguay pero esta vez en dirección a Santa Teresa, casi sin querer le hice dedo a un micro, algo que no suelo hacer, ya que al igual que los camiones que transportan combustible no suelen parar. Resulta que el micro venía vacío e iba a cargar gente en el Chuy así que nos subió sin problema y viajamos con toda la comodidad del mundo. Los milicos, las ambulancias, los policías, los bomberos, las motos, los autos caros y toda la clase de etc. que parece que nunca nos van a llevar son siempre una nueva oportunidad... Básicamente cuanto más gastemos el pulgar más posibilidades tenemos de viajar, así que lo mejor es que cada conductor que pase se lleve un recuerdo de nuestro dedo gordo en alto y firme, mirando al sol.
Finalmente es importante tomar en cuenta otras dos cuestiones: la pinta y el respeto.
Creo que una de las riquezas de la vida de mochilero es aprender a desembarazarnos de la mayor cantidad de prejuicios que tengamos, no sólo en cuanto a formas de vida o de pensar distintas, sino también en cuanto ese chip incrustado por los medios que nos insta a calificar a las personas por su apariencia física, ya sea el color de su piel, la forma de vestirse, su edad y demás etcéteras discriminatorios. Generalmente se aprende enseguida a desechar esas estupideces porque es increíble, y de verdad es que vale la pena hacer un recuento al final de cada viaje, la diversidad de la gente que accedió a darnos a una mano, ya sea llevándonos en su vehículo, indicándonos dónde pararnos o incluso ofreciéndonos comida o alojamiento de onda, para hacer más llevadera nuestra aventura. Desde este punto de vista creo, y espero haber aprendido la lección, que el día que tenga un autito y me toque a mí llevar gente para continuar con esta infinita cadena solidaria vehicular, pueda hacerlo con total libertad independientemente de la apariencia de persona cuyo pulgar me encuentre de golpe en el lugar menos pensado. Si bien ese es el mensaje que uno intenta transmitir, incluso una vez que nos levantaron, al charlar con los choferes y demostrarles lo divertido e interesante que puede ser llevar a alguien para que lo sigan haciendo en el futuro, es cierto que el mundo sigue estando comandado cobardemente por las imágenes. Así, es imposible negar que un mochilero que esté completamente sucio, por más que sea la persona más limpia del mundo y justo haya tenido un mal día, o que tenga un cuchillo en la mano, aunque esté pelando una manzana, o que tenga todo su equipo desprolijamente desperdigado al costado de la ruta, así sea que esté soplando Katrina; un mochilero así, en fin, tiene menos posibilidades de pegar viaje que uno que sonrie, para su mochilita ordenada (y esconde los bártulos extra detrás) y además lleva una guitarra encima con lo que promete confianza y diversión (si sos músico es LA posta para viajar, THE ticket to ride, es como llevar una chica).
Como no siempre es posible estar en las mejores condiciones en la ruta, aunque si es importante por lo menos usar un poco de desodorante che!, hay algunos pequeños truquitos que nos pueden ayudar a generar confianza en los conductores: un cartel con una frase amistosa o graciosa ("Cebo mate como ninguno!"; "Permuto viaje x conversación divertida!"; "Haga patria, lleve a un mochilero!" y todos los etc. que se puedan ocurrir), sonreir a más no poder y saludar a los que pasen así no tengan espacio para llevarnos, o hacer monadas o payasadas como subirse a caballito, malabarear, bailar, saltar, cantar, etc. De última no conseguimos viaje pero le sacamos a alguien una sonrisa y eso siempre suma.
Relacionado con lo anterior, pero pensando más en los momentos en que tenemos la posibilidad de hablar cara a cara con los conductores, como en las estaciones de servicio, y, por supuesto, una vez que ya logramos conseguir viaje (aunque de eso hablaré en un próximo capítulo) es fundamental mantener un determinado nivel de respeto en nuestro trato. En primer lugar está claro que cualquier persona se merece nuestro respeto por el hecho de ser persona (si esto te suena a marciano te pido por favor que DESISTAS del mochilerismo e intentes cursar Administración de Empresas en alguna universidad privada [y yo que pensaba que no era prejuicioso!]). Pero además, si queremos conseguir viaje y tenemos la suerte de poder charlar con nuestros potenciales choferes está claro que la forma de acercarse a preguntar es clave. Hay que tratar de demostrar en una frase pequeña y casual pero bien pensada, que somos buenos, lindos, respetuosos, y simpáticos tal cual mamá piensa de nosotros. Siempre causa un buen efecto un "buenos días" o un "buenas tardes" como primera aproxímación y también el hecho de ponerle un nombre a esa cara llena de esperanza de avanzar unos buenos kilómetros: "Hola buenas tardes, disculpe que lo moleste, me llamo Sr. Mochilero y estoy viajando en dirección a Mochilerolandia. ¿Existe la posibilidad de que me alcance algún tramo?" es bastante más efectivo que "Capo, voy a Mochilerolandia, ¿me llevás?".
En paradores clásicos donde en determinadas épocas del año hay enjambres de mochileros esperando por el mágico trasporte de miel que termine con sus miserias y los lleve de una vez por todas es muy habitual, y muchas veces es también falta de respeto y de código con compañeros que esperaban desde antes, el abalanzarse sobre el pobre hombre que frenó cinco minutos a vaciar su vejiga en medio de su carrera hacia el baño, sin darle un segundo de respiro. Es bastante más educado y simpático esperar al momento adecuado en que vemos que el conductor está tranquilo y puede escucharnos en paz y considerar nuestra propuesta, ya sea porque ya recargó el termo, compró los Don Satur agridulces o simplemente pudo descansar un ratito de las largas horas tras el volante.
* * *
Dicho todo esto creo que ya dejé una buena cantidad de información como para asegurar éxito en la primera etapa del dedo, la del pulgar al aire. En el próximo capítulo voy a hablar un poco sobre el viaje en sí y sobre cómo hacer para encarar y disfrutar ese riquísimo momento de intercambio de vidas que significa meterse en el vehículo de un desconocido durante un buen trecho.

1 comentarios:
Buenas, Fede cruzamos msj por CS y me sugeriste leer los artículos.
Sin palabras...
Son el aliento que necesitaba y te insto a que te la juegues y te mandes el Cap II!
Un fuerte abrazo!
Leo
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